La motivación, fundamental en tus clases / entrenamientos.


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Está claro que la motivación supone un factor clave a la hora de cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje y en el área del pádel no ocurre de forma diferente. Cuando un alumno quiere aprender algo, lo logra con mayor facilidad que cuando no quiere o su postura es indiferente.

La motivación parte siempre de los impulsos y las necesidades del alumno, puesto que estos impulsos y necesidades generan voluntad de aprender. Esta motivación puede ser tratada y puede ser generada, ya que ésta voluntad por aprender puede ser consciente o insconsciente, llegando a ser incluso mecanizada. La conducta motivada tiene un propósito firme: Va dirigida a la consecución de unas metas. Cuando una persona desea aprender algo, otras actividades no atraen su atención y su esfuerzo. Con el cambio que produce la motivación, se aumentan las expectativas y la tensión, por lo que se genera una predisposición para aprender algo, normalmente novedoso.

Este proceso mental, tiene consecuencias en el apartado fisiológico, ya que se genera una movilización de energía, la cual se consume cuando el aprendizaje ha sido llevado a cabo. Si el esfuerzo por aprender tiene éxito, la tensión también se alivia. La motivación es un término muy amplio utilizado en Psicología para comprender las condiciones o los estados que activan o dan energía al organismo, que llevan a una conducta dirigida hacia determinados objetivos.

 

motivacion

Para nuestras clases, debemos buscar generar una conducta motivada en nuestros alumnos por 3 razones principales:

  1. La conducta motivada es cíclica: Se despierta un motivo o un impulso que va a dejar paso a otro motivo cuando se ha obtenido el primero. Los motivos en algunas ocasiones nacen de necesidades fisiológicas como la necesidad de alimentos o de agua, mientras que en otros casos, los motivos nacen de necesidades psicológicas como la necesidad de compañía o la adquisición de algo. Generar una conducta motivada creará en nuestros alumnos la necesidad de aprender.
  2. La conducta motivada es activa y persistente: En general, podemos decir que cuánto más fuerte sea el motivo, mayor será la actividad y la persistencia del organismo hacia los fines relacionados con este motivo. En cierto grado los dos son paralelos, y a medida que uno aumenta en su fuerza el otro también aumenta.
  3. La conducta motivada es homeostática: Se mantiene o tiende a mantener un equilibrio, tanto fisiológico como psicológico.

Una vez aclarada la teoría, ¿cómo puedo generar motivación en mis clases?

Tenemos varios modelos motivacionales, además de factores motivacionales que ya hemos tratado, como la novedad o la activación de nuestros alumnos.

En primer lugar, el modelo homeostático, basado en el equilibrio entre las necesidades y las conductas que nos llevan a cubrir dichas necesidades. El equilibrio se irá buscando cada vez en planos superiores de modo que frente a una necesidad ya cubierta en un primer plano, aparecerá de nuevo buscando planos superiores. Por ejemplo: Un niño del tercer mundo se conformará con cualquier cosa, más o menos redonda que le permita jugar al fútbol. Un alumno del primer mundo pedirá un balón cómo el utilizado en el último mundial. Un alumno de iniciación querrá mandar la bola al otro lado de la red y que bote antes de tocar la reja o las paredes y un jugador más avanzado querrá que su bola coja cierta dirección, profundidad y velocidad en un golpeo concreto.

En el modelo incentival, basamos la motivación en lograr metas. Las experiencias y los incentivos a veces alteran las cogniciones y las emociones conduciendo a la motivación. La motivación genera a su vez, a través de la conducta, cambios en las cogniciones y emociones, cerrando el bucle. Esto quiere decir que si generamos unos incentivos, las propias emociones del alumno harán que haya una conducta adecuada para lograr esos incentivos.

El tercer modelo, mucho más complejo, es el modelo jerárquico, basado en la pirámide de las necesidades del psicólogo humanista Maslow.. Dentro de sus estudios, Maslow expuso su Teoría de la motivación, basada en su pirámide de las necesidades.

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De este modo, el ser humano necesita tener cubiertas las necesidades inferiores previamente a cubrir las de niveles superiores.

 

A la hora de motivar a nuestros alumnos, debemos tener en cuenta y conocer 2 tipos fundamentales:

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Cuando el alumno se encuentra en un ambiente agradable, donde él es tomado como persona que siente, piensa y desea, entonces dirigirá sus energías para aprender. Quizás al principio lo haga para agradar al maestro, para ser aceptado por su grupo; posteriormente, dependiendo de la habilidad del maestro, el alumno llegará a amar el deporte. Existen dos clases de motivaciones:
• Motivación intrínseca: se refiere a la satisfacción personal que representa enfrentar con éxito la tarea misma.
• Motivación extrínseca: depende de lo que digan o hagan los demás acerca de la actuación del alumno, o de lo que él obtenga tangiblemente de su aprendizaje.

Estas dos se mezclan continuamente y, a veces resulta imposible separarlas, ya que la autoestima juega un papel muy importante. El alumno pretende lograr éxito con sus clases, ser valorado y obtener recompensas de ello; sin embargo, cuando no lo logra, y sufre alguna experiencia de vergüenza y humillación pueden surgir dos problemas emocionales afectivos: Lugar de control e indefensión aprendida.

El lugar de control

Hace referencia a la causa en la que el individuo piensa que se encuentra el control de los resultados de su conducta. Si se tiene la sensación de poseer un mayor control sobre los resultados des lógico que se realice un mayor esfuerzo y se obtenga un mejor rendimiento. Si se siente que el control no está en sí mismo si no fuera (dependiendo de factores externos como la suerte, las ayudas, los favores o el estado de ánimo o la voluntad del profesor) habrá un menor esfuerzo y un rendimiento más pobre. En estos casos, para superar el problema de desmotivación, es necesario cambiar la forma de verse a sí mismo de los alumnos y desarrollar en ellos un sentido de auto-eficacia, corrigiendo las ideas erróneas sobre sí mismo y sobre sus posibilidades,

La indefensión aprendida

Se basa en el uso del refuerzo negativo. Un refuerzo negativo puede ser positivo si nuestro alumno tiene suficiente fe en si mismo, porque le demuestra que puede superarse incluso ante las dificultades, pero el castigo repetido y la negatividad llevan a la apatía y a la indefensión. Cuando el refuerzo negativo se le da a un alumno que cree que, bajo su punto de vista, está concentrándose y haciendo lo mejor que puede y el refuerzo que recibe es constantemente negativo, es difícil convencerlo de que la forma de mejorar depende de él. Este es el problema emocional vinculado a la motivación que está más ligado al fracaso escolar. Los alumnos que en el colegio presentan este problema, piensan que no importa lo que hagan porque van a fracasar y éste problema puede aparecer en las pistas de pádel: ¿Para qué voy a ir a clases si siempre voy a jugar igual de mal? Se traduce en una falta de fe en uno mismo para afrontar cualquier tipo de problema.

El remedio a esta situación estaría en cambiar las expectativas haciendo que el alumno actúe y compruebe que su respuesta es realmente eficaz, proponiendo metas alcanzables y a corto plazo para hacer ver que el esfuerzo sirve para algo e ir elevando los objetivos progresivamente.

Pero también se puede intentar, desde un principio prevenir la situación logrando que desde el principio los sujetos tengan éxito en sus esfuerzos para que empiecen comprobando que el cambio en las situaciones depende de sus actos.

Mucho ojo, porque la indefensión aprendida funciona también con los profesores si sienten que con su esfuerzo no consiguen sacar adelante a sus alumnos y además su actividad está controlada desde fuera.

Ashton(1985) comprobó como aquellos profesores que se creen capaces de sacar adelante incluso a los alumnos más difíciles si se lo proponen de verdad, son los que tienen alumnos más motivados. Gibson y Dembo (1984) hallaron que los profesores más eficaces son los que menos critican a sus alumnos y los que más persisten en sus esfuerzos en situaciones de fracaso. Esto nos
lleva a otro proceso que puede darse en nuestras clases: El efecto Pigmalión: Proceso por el cual las creencias y expectativas de una persona afectan de tal manera a su conducta que ésta provoca en los demás una respuesta que confirma esas expectativas.

 

En un estudio clásico realizado en una escuela pública, Rosenthal y Jacobson aplicaron un test de inteligencia a todos sus alumnos; posteriormente dieron a los profesores los nombres de los niños que, según las pruebas realizadas, mostrarían un desarrollo intelectual destacado durante el curso (en realidad dieron el nombre de un 20% de los niños escogidos al azar. Ocho meses más tarde volvieron a medir el cociente intelectual de todos los alumnos y comprobaron que los niños que habían nombrado aleatoriamente (el 20%) habían conseguido un mayor desarrollo intelectual y eran además calificados por sus profesores como más curiosos, más felices y mejor adaptados.

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Por todo esto, la motivación ha de darse antes, durante y después de la clase:

1: Antes de la clase

  • Mantener una actitud positiva. El profesor debe mostrar una actitud positiva que los alumnos captarán inmediatamente.
  • Generar un ambiente agradable. El clima o la atmósfera debe ser cordial y de respeto. Se debe evitar situaciones donde se humille al alumno.
  • Detectar el conocimiento previo de los alumnos. Esto permitirá tener un punto de partida para organizar las actividades y detectar el nivel de dificultad que deberá tener. Asimismo, se podrá conocer el lenguaje de los alumnos y el contexto en el que se desenvuelven.
  • Preparar los contenidos y actividades de cada sesión. Un profesor que llega a improvisar es detectado automáticamente por los alumnos, por lo cual pierde credibilidad y los desmotiva.

2: Durante la clase

  • Utilizar ejemplos y un lenguaje familiar al alumno. A partir del conocimiento previo del educando, el profesor puede conocer su forma de hablar y pensar. Utilizando esto se pueden dar ejemplos que los alumnos puedan relacionar con su contexto, sus experiencias y valores.
  • Variar los elementos de la tarea para mantener la atención. Si el profesor siempre sigue las mismas actividades y procedimientos en todas las clases, los alumnos se aburrirán, ya que éstas se harán monótonas. Por ello, el profesor deberá tener una amplia gama de estrategias de aprendizaje.
  • Dar el máximo de opciones posibles de actuación para facilitar la percepción de la autonomía.  Se debe respetar su individualidad dejándolo actuar y pensar por sí mismo.
  •  Mostrar las aplicaciones que pueden tener los conocimientos. Ejemplificar mediante situaciones diarias la relevancia de los contenidos. Muchas veces los alumnos dicen: para qué hacemos esto en clase si no me va a servir para nada. El profesor debe orientarlos para que lo apliquen en su realidad. Si es posible, guiarlos para que sean ellos quienes le encuentren sentido y digan para qué sirve.
  • Orientarlos para la búsqueda y comprobación de posibles medios para superar las dificultades. Hay un dicho popular que dice: si le das un pez al hambriento, comerá ese día. Si le enseñas a pescar, comerá siempre. Esta analogía sirve para ejemplificar la labor del docente.

3: Después de la clase.

  • Tratar de incrementar su confianza. Emitir mensajes positivos para que los alumnos se sigan esforzando, en la medida de sus posibilidades.
  •  Dar la evaluación personal en forma confidencial. Es preferible destinar un tiempo para dar las correcciones y valoraciones en forma individual, incluyendo información necesaria acerca de los fallos y los aciertos; buscando de esta forma la retroalimentación del proceso enseñanza aprendizaje.

Para concluir, resumiremos este artículo con estas 3 ideas fundamentales.

Cualquier motivación es siempre mejor que ninguna.

La motivación positiva, por los incentivos de la persuasión, por ejemplo y por la alabanza, es más eficaz y provechosa que la negativa.

La motivación negativa, aunque eficaz hasta cierto punto (pero inferior a la motivación positiva), es contra educativa, transformando a los alumnos en inseguros, tímidoso cobardes;
aunque atienda con alguna eficacia a los objetivos inmediatos de la instrucción, es perjudicial a la larga.

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